Belugas

Las belugas son mamíferos marinos del grupo de los odontocetos, cetáceos dotados de dientes. Se caracterizan por el color blanco de su piel, que les permite camuflarse entre los bloques de hielo.

Beluga (Delphinapterus leucas)

 

La beluga (Delphinapterus leucas) es un cetáceo odontoceto adaptado a vivir en las frías aguas del Ártico y el subártico. Su característica coloración blanca, la ausencia de aleta dorsal, la movilidad de su cuello y su extraordinaria capacidad para producir sonidos la convierten en uno de los mamíferos marinos más reconocibles de las regiones polares.

Las belugas son animales sociales y utilizan un amplio repertorio de vocalizaciones para relacionarse con otros individuos y desenvolverse en un medio en el que la visibilidad puede ser muy reducida. Esta riqueza acústica explica que tradicionalmente hayan recibido el sobrenombre de “canarios del mar”.

En el Oceanogràfic de València puedes conocer esta especie en el hábitat del Ártico, un espacio dedicado a acercarnos a algunos de los animales y procesos ecológicos característicos de las regiones polares.

La beluga pertenece a la familia Monodontidae, que comparte con el narval (Monodon monoceros). Es un cetáceo de tamaño medio, de cuerpo robusto y adaptado a desenvolverse en aguas extremadamente frías y, en muchas regiones, cubiertas estacionalmente por hielo.
Una de sus características más llamativas es que carece de aleta dorsal. En su lugar presenta una cresta dorsal baja y resistente. Esta anatomía resulta adecuada para desplazarse bajo el hielo y reduce la superficie corporal expuesta a la pérdida de calor.
También presenta una característica poco habitual entre los cetáceos: sus vértebras cervicales no están completamente fusionadas. Esto proporciona a la beluga una considerable movilidad del cuello, que le permite mover la cabeza lateralmente.
En la parte frontal de la cabeza destaca el melón, una estructura formada principalmente por tejido adiposo que interviene en la producción y focalización de los sonidos utilizados durante la ecolocalización.
Los machos adultos suelen alcanzar un tamaño superior al de las hembras y existen diferencias corporales entre las distintas poblaciones. Como ocurre con otros cetáceos de aguas frías, una gruesa capa de grasa subcutánea contribuye de forma decisiva al aislamiento térmico.
Las belugas no nacen con la característica coloración blanca de los adultos.
Las crías presentan inicialmente una coloración grisácea u oscura que se va aclarando progresivamente durante su desarrollo hasta alcanzar la tonalidad blanca característica de la edad adulta. La edad a la que se completa este cambio puede variar entre individuos.
Esta coloración clara proporciona además camuflaje en un ambiente dominado durante buena parte del año por el hielo y la nieve.
Las belugas presentan una distribución circumpolar y habitan principalmente las aguas árticas y subárticas de América del Norte, Groenlandia y Eurasia.
No todas las poblaciones utilizan el medio de la misma manera. Algunas realizan importantes desplazamientos estacionales relacionados con el hielo, la disponibilidad de alimento y la reproducción, mientras que otras permanecen durante gran parte del año en regiones relativamente delimitadas.
Pueden encontrarse en aguas costeras, bahías, estuarios, fiordos y zonas de mar abierto. Algunas poblaciones penetran estacionalmente en desembocaduras de ríos y aguas relativamente someras.
Esta diversidad es importante para entender su conservación: no existe una única población mundial de belugas que responda de la misma forma a las alteraciones ambientales. Existen poblaciones con tamaños, movimientos y situaciones de conservación diferentes.
Las belugas son depredadores oportunistas y su dieta cambia en función de la región, la estación del año y las presas disponibles.
Se alimentan principalmente de peces y de diferentes invertebrados, incluidos crustáceos y cefalópodos.
Para localizar alimento en aguas oscuras, profundas, turbias o bajo el hielo cuentan con una herramienta extraordinariamente eficaz: la ecolocalización.
La beluga emite sonidos y analiza los ecos que regresan después de rebotar contra los objetos de su entorno. De esta manera puede obtener información sobre aquello que tiene delante incluso cuando la visión resulta limitada.
Vivir durante largos periodos en aguas próximas al punto de congelación exige importantes adaptaciones anatómicas y fisiológicas.
La beluga presenta una gruesa capa de grasa subcutánea, que proporciona aislamiento térmico y constituye además una importante reserva energética.
Su cuerpo robusto y relativamente compacto ayuda a limitar la pérdida de calor. La ausencia de una gran aleta dorsal también reduce la superficie expuesta y facilita el desplazamiento bajo el hielo.
Estas características son el resultado de una larga historia evolutiva estrechamente vinculada a los ecosistemas polares.
La relación del Oceanogràfic con las belugas está estrechamente vinculada al bienestar animal, la investigación científica y la cooperación internacional.
El seguimiento continuado de los animales permite obtener información sobre fisiología, comportamiento, audición y comunicación acústica. Al mismo tiempo, la experiencia acumulada por los equipos veterinarios y de cuidado ha permitido al Oceanogràfic participar en complejas operaciones internacionales de rescate y traslado.
Actualmente habitan cinco belugas en el Oceanogràfic: Yulka, Kylu, Plombir, Miranda y Cleopatra
Historias que permiten conocer especialmente esta relación con la especie.

Investigación y conocimiento científico sobre las belugas

Las belugas del Oceanogràfic permiten desarrollar investigaciones que ayudan a ampliar el conocimiento sobre la fisiología, comunicación, audición, comportamiento y bienestar de esta especie.

El nacimiento de Kylu en 2016 abrió una oportunidad excepcional para estudiar de manera continuada el desarrollo de una cría de beluga. Investigadores de la Fundación Oceanogràfic, junto con universidades y otros centros científicos, han estudiado aspectos como su fisiología respiratoria y cardiovascular, el desarrollo del sistema inmunitario, la audición y la evolución de sus vocalizaciones.

¿Cómo se comunican las belugas?

Una de las principales líneas de investigación desarrolladas en el Oceanogràfic se centra en la comunicación acústica.

Durante los primeros años de vida de Kylu se realizaron más de 300 horas de grabaciones para estudiar cómo evolucionaban sus vocalizaciones y cómo se comunicaba con su madre, Yulka. La investigación permitió identificar una llamada de contacto compartida entre madre y cría y estudiar cómo determinados sonidos se relacionaban con diferentes comportamientos.

Estos trabajos no se limitan al conocimiento de los animales del Oceanogràfic. La experiencia obtenida con Kylu sirvió posteriormente para investigaciones con narvales en Groenlandia, una especie estrechamente emparentada con la beluga. El conocimiento adquirido en València ayudó a los investigadores a identificar y analizar las vocalizaciones entre madres y crías de narval.

→ Conoce la investigación de la Fundación Oceanogràfic


Conservación de las belugas

La beluga presenta una amplia distribución por las regiones árticas y subárticas, pero su situación no es idéntica en todas las poblaciones.

Las distintas poblaciones pueden estar sometidas a presiones diferentes, entre ellas la contaminación, el ruido submarino producido por actividades humanas, las alteraciones del hábitat, los cambios en la disponibilidad de alimento, determinadas capturas y las transformaciones que está experimentando el ecosistema ártico.

Por ello, conocer sus movimientos, comportamiento, estructura social, comunicación y estado de salud resulta fundamental para comprender cómo responden estos animales a un medio en transformación.

La conservación de las belugas requiere, por tanto, estudiar no solo la especie en conjunto, sino también las características y amenazas específicas de cada población.

Conoce las belugas del Oceanogràfic

Las belugas se encuentran en el hábitat Ártico del Oceanogràfic de València, un espacio concebido para acercar al visitante a la biodiversidad y las condiciones ambientales de las regiones polares.

Su observación permite descubrir algunas de las adaptaciones que hacen posible la vida de un mamífero marino en aguas extremadamente frías: la ausencia de aleta dorsal, una importante capa de grasa subcutánea, un cuerpo robusto, la movilidad del cuello o un sofisticado sistema de ecolocalización.

La llegada de Plombir y Miranda permitió además estudiar el proceso de integración y comunicación entre las belugas del Oceanogràfic.

Pero conocer una especie significa también comprender el ecosistema del que forma parte y los desafíos a los que se enfrenta.

La visita al Ártico constituye así una oportunidad para acercarse a las belugas y, al mismo tiempo, comprender mejor la importancia de conservar los ecosistemas polares y la biodiversidad que depende de ellos.

→ Descubre el hábitat Ártico del Oceanogràfic