Kylu, la primera beluga nacida en Europa
Kylu es una beluga (Delphinapterus leucas) nacida en el Oceanogràfic de València el 15 de noviembre de 2016. Su nacimiento, el primero de una cría de beluga en Europa, abrió una oportunidad para estudiar de forma continuada el desarrollo, la fisiología y la comunicación de esta especie.
Kylu, la primera beluga nacida en Europa
Kylu nació en el Oceanogràfic de València el 15 de noviembre de 2016, después de 502 días de gestación. Su nacimiento marcó un hito para el Oceanogràfic y abrió una oportunidad excepcional para estudiar, desde sus primeros días de vida, el desarrollo de una beluga (Delphinapterus leucas).
Hijo de Yulka y Kairo, Kylu pesó 74 kilos y midió 160 centímetros al nacer. Desde entonces, su crecimiento ha permitido a cuidadores, veterinarios e investigadores seguir de forma continuada aspectos de la biología de esta especie difíciles de estudiar con el mismo nivel de detalle en el medio natural.
A lo largo de los años, Kylu ha participado en investigaciones relacionadas con la comunicación acústica, la fisiología respiratoria y cardiovascular, la audición y el sistema inmunitario. El conocimiento obtenido ha contribuido no solo a comprender mejor a las belugas, sino también a desarrollar investigaciones con otros cetáceos árticos.
El nacimiento de Kylu en el Oceanogràfic
Su nacimiento permitió seguir de cerca una etapa especialmente delicada en el desarrollo de las belugas y reunir información sobre su crecimiento, comportamiento y fisiología desde las primeras semanas de vida.
Los primeros meses requirieron una atención especialmente intensa por parte del equipo del Oceanogràfic. Durante esta etapa participaron de manera coordinada cuidadores, veterinarios, investigadores y observadores, con vigilancia durante las 24 horas.
La alimentación de Kylu necesitó también cuidados específicos. En sus primeros meses recibía alimento aproximadamente cada dos horas y el equipo desarrolló un sistema propio para suministrarle una preparación adaptada a sus necesidades. En aquel momento llegó a registrar un crecimiento aproximado de un kilogramo diario.
El juego, la estimulación y la interacción con sus cuidadores formaron igualmente parte de su desarrollo. Esta relación permitió habituarlo progresivamente al contacto y a comportamientos que facilitan revisiones y controles veterinarios voluntarios. Años después, esta cooperación continuó formando parte de su rutina de cuidado.
De cría de beluga a una oportunidad única para la ciencia
El nacimiento de Kylu no solo permitió documentar el desarrollo de una beluga. También ofreció a los investigadores la posibilidad de realizar un seguimiento longitudinal, observando determinados cambios a medida que el mismo individuo crecía.
La Fundación Oceanogràfic, junto con investigadores y universidades colaboradoras, ha desarrollado trabajos relacionados con la respiración y el sistema cardiovascular, la audición, el desarrollo vocal y diferentes aspectos del sistema inmunitario de las belugas.
El valor científico de este seguimiento reside precisamente en su continuidad. Determinados procesos de crecimiento y aprendizaje son extremadamente difíciles de observar de manera sistemática en animales que viven en el medio natural.
Y entre todas estas investigaciones, una línea ha permitido conocer con especial detalle una característica fundamental de las belugas: su extraordinaria capacidad para comunicarse mediante sonidos.
¿Cómo aprendió Kylu a comunicarse?
Las belugas poseen un repertorio acústico extraordinariamente rico. Los sonidos desempeñan un papel fundamental en sus relaciones sociales y en su capacidad para desenvolverse en las aguas árticas, donde durante determinadas épocas las condiciones de luz y visibilidad son muy reducidas.
El nacimiento de Kylu permitió estudiar algo particularmente difícil de observar: cómo se desarrolla la comunicación de una beluga desde sus primeros meses de vida.
La investigadora Audra Ames siguió el desarrollo vocal de Kylu y su comunicación con su madre, Yulka. La investigación combinó grabaciones mediante hidrófonos con imágenes de vídeo, lo que permitió estudiar no solamente qué sonidos producían los animales, sino también relacionarlos con determinados comportamientos.
Más de 300 horas escuchando a Kylu y Yulka
Durante los primeros años de Kylu se recopilaron más de 300 horas de grabaciones de sus vocalizaciones y de las de Yulka. El estudio analizó cómo evolucionaba su repertorio sonoro, el volumen de sus vocalizaciones y los mecanismos mediante los que producía diferentes sonidos.
Las observaciones mostraron también que el repertorio de una cría se va enriqueciendo progresivamente. El estudio registró en Kylu vocalizaciones en frecuencias muy elevadas, algunas superiores a las que habían podido documentarse en investigaciones anteriores con crías de beluga.
Una llamada de contacto compartida con su madre
Uno de los resultados más interesantes estuvo relacionado con las llamadas de contacto.
Estas vocalizaciones permiten a las belugas mantener el contacto entre individuos y son especialmente importantes en la relación entre una madre y su cría.
Durante sus dos primeros años, Kylu desarrolló una llamada de contacto similar a la de Yulka. El resultado apoyó la hipótesis de que determinadas llamadas pueden transmitirse entre madres y crías y funcionar como una especie de identificación acústica compartida entre miembros de una familia
De Kylu a los narvales de Groenlandia
La experiencia acumulada estudiando las vocalizaciones de Kylu y Yulka tuvo posteriormente una aplicación inesperada a miles de kilómetros de València.
Audra Ames participó en una investigación sobre la comunicación entre una madre de narval (Monodon monoceros) y su cría en Groenlandia. Belugas y narvales pertenecen a la misma familia, Monodontidae, y presentan similitudes en algunos aspectos de su comunicación acústica.
El conocimiento adquirido durante años estudiando a Kylu ayudó a los investigadores a identificar y analizar las vocalizaciones de la cría de narval. La investigación encontró señales individuales de contacto entre madre y cría y permitió compararlas con lo observado anteriormente en las belugas del Oceanogràfic.
Kylu y la llegada de nuevas belugas al Oceanogràfic
En junio de 2024, la vida social de Kylu cambió con la llegada al Oceanogràfic de Plombir y Miranda, dos belugas rescatadas del acuario NEMO de Járkov, en Ucrania. Hasta entonces, Kylu había convivido con su madre, Yulka, pero la incorporación de los dos nuevos ejemplares abrió una nueva etapa en sus relaciones sociales.
La integración se realizó de forma gradual. Durante las primeras semanas, Plombir y Miranda permanecieron en espacios separados mientras se adaptaban a las nuevas instalaciones y recibían seguimiento veterinario. Los primeros contactos con Kylu y Yulka se produjeron a través de las compuertas que comunicaban las diferentes áreas, lo que permitía a los animales verse y escucharse sin compartir todavía el mismo espacio.
El primer encuentro entre Kylu y Miranda
Kylu y Miranda fueron las primeras belugas en compartir espacio durante el proceso de integración. A partir de ese primer encuentro se realizaron nuevas sesiones, incorporando progresivamente a Plombir y, posteriormente, avanzando hacia la convivencia del grupo.
Durante este proceso, el equipo del Oceanogràfic observó que Kylu desempeñaba un papel especialmente relevante en las interacciones entre los distintos individuos, hasta convertirse en lo que los profesionales describieron como un “elemento de unión” entre las belugas.
La integración se desarrolló respetando el ritmo de cada animal. Cuidadores, veterinarios y especialistas en comportamiento realizaron un seguimiento continuado de aspectos como la alimentación, la actividad, las interacciones sociales y las vocalizaciones antes de avanzar a cada nueva fase.
Nuevas relaciones, nuevos sonidos
La llegada de Plombir y Miranda creó una oportunidad para estudiar cómo cambia la comunicación de las belugas cuando comienzan a relacionarse con nuevos individuos.
El seguimiento acústico realizado por la Fundación Oceanogràfic detectó diferencias entre las vocalizaciones de las belugas procedentes de Ucrania y las de Kylu y Yulka. Plombir y Miranda producían algunos sonidos diferentes a los registrados habitualmente en las belugas del Oceanogràfic; parte de esas vocalizaciones recordaban a silbidos de delfines, especie con la que habían convivido anteriormente en Járkov.
Con el paso de los meses se observaron cambios. Plombir comenzó a producir sonidos más similares a los de otras belugas y, especialmente interesante en la historia de Kylu, los investigadores observaron que Kylu intentaba imitar algunas de las vocalizaciones de Plombir.
Estas observaciones forman parte de Beluga Sound, una línea de investigación de la Fundación Oceanogràfic dedicada a estudiar la comunicación y el aprendizaje vocal de estos cetáceos. Los hidrófonos instalados en las instalaciones permiten registrar sus vocalizaciones y analizar cómo los sonidos pueden cambiar a medida que evolucionan sus relaciones sociales




