Las morsas son uno de los mamíferos marinos más representativos del Ártico. Sus grandes colmillos, sus largos bigotes y su tamaño las convierten en una especie única, perfectamente adaptada a uno de los entornos más extremos del planeta. Más allá de su aspecto, desempeñan un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas polares y son objeto de numerosos estudios científicos destinados a conocer mejor su biología y contribuir a su conservación.

¿Dónde viven las morsas?

Las morsas habitan las aguas frías del océano Ártico, donde utilizan el hielo como lugar de descanso entre inmersiones. Existen dos subespecies principales: la morsa del Atlántico y la morsa del Pacífico, distribuidas entre Groenlandia, Canadá, Alaska, Rusia y el norte de Europa. Su supervivencia depende en gran medida de la disponibilidad de hielo y de la riqueza del fondo marino, donde encuentran la mayor parte de su alimento. 

morsas en el Oceanogràfic

¿Qué comen y para qué sirven sus colmillos?

Aunque sus colmillos son su rasgo más característico, las morsas los utilizan principalmente para ayudarse a salir del agua, desplazarse sobre el hielo y establecer jerarquías sociales. Su alimentación se basa sobre todo en moluscos, almejas y otros invertebrados que localizan gracias a sus sensibles vibrisas o bigotes. Son excelentes buceadoras y pueden permanecer largos periodos bajo el agua mientras buscan alimento en el fondo marino.

Un animal sorprendente

Las morsas son animales muy sociales que viven en grupos numerosos y mantienen una intensa comunicación mediante vocalizaciones. De hecho, pueden emitir una gran variedad de sonidos tanto dentro como fuera del agua, un comportamiento que sigue despertando el interés de la comunidad científica.

Precisamente esa capacidad de comunicación fue una de las líneas de investigación desarrolladas en el Oceanogràfic de Valencia. La etóloga Gabriella Postiglione inició un estudio sobre el comportamiento de las morsas Tanya, Ninotchka y Petrushka, analizando sus vocalizaciones y la variación de hormonas relacionadas con el bienestar mediante muestras de saliva obtenidas de forma completamente voluntaria y no invasiva. Este trabajo permitió ampliar el conocimiento sobre la fisiología y el comportamiento de estos grandes mamíferos marinos.

Investigación para conservar las morsas

El compromiso del Oceanogràfic y su Fundación con las morsas continuó con nuevas investigaciones desarrolladas junto a la Universitat de València. Entre ellas destaca el primer estudio realizado en el mundo sobre la función pulmonar de esta especie, liderado por la investigadora Alicia Borque.

Durante varios años se analizaron parámetros como la capacidad respiratoria, el volumen de aire y el flujo pulmonar mediante espirometrías realizadas con la colaboración voluntaria de los animales. Los resultados permitieron demostrar que las morsas presentan una capacidad ventilatoria superior a la de muchos mamíferos terrestres y aportaron información inédita sobre su fisiología, fundamental para comprender mejor su extraordinaria capacidad de buceo y mejorar las estrategias de conservación de la especie. 

Las amenazas que afrontan

Aunque las poblaciones de morsas han mostrado signos de recuperación en algunas regiones, el cambio climático continúa siendo una de sus principales amenazas. La pérdida de hielo marino reduce las zonas de descanso y modifica la distribución de sus presas. A ello se suman el aumento del tráfico marítimo, la contaminación y las alteraciones del ecosistema ártico, factores que hacen importante seguir investigando esta especie para mejorar su conservación. 

Los proyectos de investigación con las morsas ayudan a comprender cómo funcionan los ecosistemas polares y proporciona información esencial para proteger una biodiversidad especialmente vulnerable frente a los efectos del cambio climático. Las investigaciones desarrolladas por la Fundación Oceanogràfic y sus colaboradores constituyen un ejemplo de cómo el conocimiento científico puede contribuir a la conservación de estas fascinantes criaturas.