• El 4º Congreso Internacional de la especialidad se centra en la protección de las más de 1.500 especies de tiburones, rayas y quimeras con la ciencia, la presión política y la comunicación como instrumentos esenciales

 

  • Pablo García-Salinas, coorganizador: “Es vital que la sociedad se fascine por este depredador y que entienda su papel clave en la estabilidad de ecosistemas marinos, que afectan directamente al bienestar humano”

 

  • Michelle Heupel, fundadora de Sharks International: “Lo importante es mantener los contactos recién creados y fomentar la interacción online durante los cuatro años que quedan hasta el próximo encuentro en Sri Lanka, en 2026

 

Ha concluido el 4º Congreso Internacional de Tiburones, que ha congregado a casi un millar de expertos en tiburones, rayas y quimeras de 69 países, con el objetivo de contribuir a salvarlos de la extinción masiva que les amenaza, utilizando la ciencia, la presión política y la divulgación como instrumentos. Se trata de la primera vez que se celebra en Europa y ha tenido un formato híbrido, con participación de 350 congresistas de forma presencial, en el Oceanogràfic de Valencia, y más de 600 que han participado en modalidad online.

 

 

El encuentro ha permitido establecer conexiones entre investigadores de todas partes del globo que seguirán conectados a través de una plataforma digital creada con motivo de este congreso. “Lo importante es mantener los contactos recién creados y fomentar la interacción online durante los cuatro años que quedan hasta el próximo encuentro en Sri Lanka, en 2026”, cuenta Michelle Heupel, impulsora y fundadora de los congresos Sharks International. En esta edición han participado como coorganizadores, además de la Fundación Oceanogràfic, las entidades LAMNA, Submon y Shark Trust.

 

 

“Se ha conseguido reunir a casi mil personas, entre los que están los líderes a nivel mundial en ciencia, presión política y comunicación de la materia,  con el único objetivo de hablar de conservación y que, además, seguirán en contacto regular. Es como si el Congreso no terminase hoy”, explica Pablo García-Salinas, investigador de la Fundación Oceanogràfic, LAMNA y la Universitat Politècnica de València.

“Ha sido muy relevante descubrir en este encuentro que pese a la amplia variedad de puntos de vista y enfoques que han ofrecido los investigadores en sus ponencias, hay un consenso en que las soluciones deben ser realistas y fruto de una colaboración estrecha y cómplice entre una comunidad científica, que comparte información, datos y experiencias”, dice Paul Cox, máximo responsable de Shark Trust.

 

 

Durante la última jornada del encuentro de hoy, se ha tratado el problema de la comunicación. “Es vital que la sociedad se fascine con este depredador y que entienda su papel clave en la estabilidad de ecosistemas marinos que afectan directamente al bienestar humano”, subraya García-Salinas.

También se ha resaltado la importancia de implicar a los pescadores en la protección de los llamados condrictios, que incluyen a tiburones, rayas y quimeras. Esto es especialmente relevante, dado que la sobrepesca y las capturas accidentales son la principal causa de que sean los vertebrados más amenazados del planeta, después de los anfibios, según las últimas estimaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

“Las pesquerías de tiburón representan una parte importante de las flotas pesqueras de algunos países como España; nuestra propuesta es trabajar en una gestión pesquera más eficaz, basada en la ciencia, para llegar a un equilibrio entre la conservación y la actividad económica de la que dependen muchas personas. Queremos presionar a los políticos para que tomen decisiones acertadas”, señala Àlex Bartolí, representante de Submon.

 

 

“Un mar con tiburones y rayas es un mar sano porque son depredadores que controlan las poblaciones de las que se alimentan. Si desaparecen los primeros, éstas experimentan una explosión demográfica que acaba con el sustento de otras especies, alterando tanto el ecosistema que corre el peligro de desaparecer”, explica Bartoli. “Lo verdaderamente terrorífico sería un mar sin tiburones”, concluye.