Focha cornuda

La focha cornuda está calificada “en peligro de extinción”, amenazada por la pérdida de hábitat y la caza.

¿Dónde encontrarla?

Puedes encontrar a esta especie nadando por el Lago Vivo del Oceanogràfic

Generalidades de la focha cornuda

Se trata de una especie que reside en España y se puede ver a lo largo del año.
No suele realizar migraciones salvo en algunos períodos que se desplaza hacia la zona de costa.

La focha cornuda se parece mucho a la focha común, aunque la cornuda es un poco más grande y la común presenta dos protuberancias rojas en el escudete frontal blanco.

Estas pequeñas diferencias impiden que se pueda distinguir a distancia, por lo que a veces, cuando se reintroducen, se pueden cazar de manera accidental.

También tienen en el pico unos tonos entre azulados y rosáceos. Cuando nacen presentan una coloración entre naranja y rojiza y sin escudete, que se desarrolla a medida que van creciendo y después, al cabo de dos meses y medio, empiezan a formarse las protuberancias.

¿De qué se alimentan?

Son animales omnívoros.
Gracias a su capacidad de buceo, se alimentan de la vegetación sumergida y de invertebrados como crustáceos, larvas de insectos o moluscos.

¿Sabías qué?

La focha cornuda es un animal nidífugo.
Es decir, que abandona el nido nada más nacer y sus padres la protegen durante los primeros dos meses. Tiempo que aprende a bucear y a pescar.

Colaboración institucional para salvar la focha cornuda

La focha cornuda está clasificada “en peligro de extinción” en el Catálogo Nacional de Aves y “en peligro crítico” en el Libro Rojo de las Aves de España.

Un solo ejemplar de esta especie es valorable, dado que su población se extingue por las especies invasoras, la reducción territorial de humedales y la caza, ya que es confundida con la focha común, cuyo cobro es legal en España.

La focha cornuda se extinguió en la Comunitat Valenciana en la década de 1950 y, desde el año 1998, esta especie fue objeto de un Proyecto de Reintroducción en la Comunidad Valenciana desarrollado por la Generalitat Valenciana y la Unión Europea a través de fondos Life-Naturaleza que, pese al gran esfuerzo de reintroducción con una gran cantidad de parejas, no ha dado los resultados esperados.

No obstante, y fruto de la colaboración estrecha con otros proyectos de la Fundación Oceanogràfic con la Conselleria de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica, su departamento de Vida Silvestre cedió en 2019 cuatro ejemplares para introducirlos en el Lago Vivo, donde se ha pretendido que tuvieran un lugar seguro con las condiciones ideales -espacio, hábitat, alimentación, calidad del agua, ausencia de depredadores o caza- ideales para su reproducción, si bien una de ellas desapareció y la otra murió.

De los siete huevos, nacieron en pleno confinamiento por la pandemia del COVID19 tres pollos entre el 29 de abril y el 3 mayo. Como consecuencia de la estrategia que se ha llevado a cabo para propiciar su permanencia continúa en el Lago Vivo junto a sus padres que les enseñan a pescar y bucear.